7 cualidades no académicas que requieren los docentes universitarios del siglo XXI

Los procesos de enseñanza y de aprendizaje en la Universidad son complejos e interesantes para el debate. En muchos casos, son objeto de análisis para cursos de formación docente, ateneos, congresos e innumerables espacios académicos.

Sin embargo, podemos preguntarnos qué cosas no puede garantizar la enseñanza como proceso de acción o tarea docente en la Universidad, a grandes rasgos. Sin ánimos de desmotivar la tarea, preguntarse es un ejercicio muy útil para comprender las demandas de los tiempos actuales.

El concepto de enseñanza es amplio y específico al mismo tiempo. Es una práctica social que por sus características promueve una donación generosa en torno a la verdad y el conocimiento o experiencias.

Pueden encontrarse varias definiciones del término. Tal como lo menciona Feldman (2010), existe una definición muy sencilla de enseñar: tiene que ver con permitirle a dos personas saber lo que al principio sabía una sola –que es como definen Edwards y Mercer (1988) “compartir conocimiento”–. Sin embargo, la definición no dice absolutamente nada acerca de qué hay que hacer para que finalmente ambas personas tengan lo que al principio tenía uno. Solamente dice: “hacer algo”.

En definitiva, el proceso de enseñanza, no garantiza los aprendizajes aún cuando exige, desde su definición, una acción por parte del que transmite el conocimiento. Esta afirmación puede resultar muy dura para muchos profesionales y docentes en la Universidad que dedican esfuerzo y tiempo dentro y fuera del aula en esta tarea.

¿Qué cualidades no académicas requieren los docentes universitarios del siglo XXI? en primer lugar, la tarea docente debe rediseñarse creativamente para hacer de todo espacio un aula, lograr mayor visibilidad y poder enriquecer las cualidades académicas y no académicas promoviendo un abanico multimedial: ir hacia un lugar nuevo, ver cosas que nunca has visto antes, compartir un profundo interés, hacer cosas que no tenías idea que eran posibles, contar historias de una nueva manera, conectar nuevas ideas, y en general hacerte cargo de quien estás yendo a ser a través de lo que tu eliges hacer y pensar (Holden, Christopher 2015)

Aún así, me atrevería a decir que el valor de la formación docente es promover en la tarea diaria y generosa actitudes no académicas que tienen que ver con la confianza en el conocimiento pero, sobre todo con (Samy A Azer: 2005):

  • la capacidad de los estudiantes como futuros colegas
  • la confianza en los pequeños logros de cada estudiante en particular
  • la prontitud de la retroalimentación
  • la observación cuidadosa y periférica de las discusiones grupales
  • la habilidades de comunicación
  • la motivación y el entusiasmo
  • el trabajo estratégico dentro y fuera del aula

 

¿Por qué prestar atención a estas cualidades que son justamente no académicas? Se puede decir que son un modo particular de garantizar que el “haber hecho algo” sea lo indispensable para que el estudiante pueda comprender lo que necesita, y lograr que su formación personal y profesional sea duradera en el tiempo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s